addsubtract:modfetish:I know its fox city. Lighted Taxidermy + naked is pretty much an auto post on modfetish. Obviously its more Corwin with the ever lovely Apnea.
(via audreyhepburncomplex)
3.
Cuando uno empieza a amar a la gente es que empieza a perderla / empieza a perder, por ejemplo / el temor a decir cosas terribles y falsas / el miedo / a ganar ansiedad porque los encuentros inesperados / se repitan al azar.
4.
Lo único que quería
era escribir tu rabia junto a la mía
y me salió la letra fea
la boca llena de tiza
y las palabras desconectadas en letras
inconexas, indecentes, raras.
Yo lo único que esperaba
era que escupiéramos juntos la tarde
enrrabiada y rosa
para así en algún punto de ella
encontrarnos como de casualidad.
Lo único que esperaba era poder pisar el freno
y mirar como es que nadan las personas entre sí
en una piscina más profunda que un acantilado
entre sí, hacia sí, hacia sí.
ZOMBIE (via cgunit Dan Park)
Cuando visito al minotauro en su refugio absurdamente circular nos encontramos sin vernos. Yo lo veo por un espejo. Él no ve nada. Nunca recuerda nada de mí: sólo me busca, ansioso, me llama, ansioso, cada vez que no estoy. No sabe por qué. Entre visita y visita el minotauro nunca recuerda nada de mí, sólo se le cristalizan adentro -dolorsamente- pulsaciones que son como ríos de vidrio.
En cada visita llego preparada para ser drenada: a través del espejo, lo veo confundido y agitado y complacido, por lo menos. Escuchamos el sonido de mis tacos de aguja acercándose – yo escucho, minotauro recoge puras señales nebulosas que no puede entender. Él mira un punto en que imagina que yo estoy y se equivoca siempre. Me sirvo una taza de Earl Grey, le pregunto si quiere manzanilla. Me responde que sí pero luego lo olvida. Me pregunta las mismas cosas una y otra vez. Yo le respondo, a veces; otras lo ignoro y luego olvida que preguntó, o se confunde, creo, y piensa que ya le he respondido y no se atreve a preguntar de nuevo. Estoy ciego y casi sordo, dice. Tus pensamientos son una cajita sagrada – le respondo, pensando en que ojalá hubiésemos hablado más antes. Hablamos de métodos de tortura y de poesía. Me cuenta de Pablo de Rokha y su carrito de libros. Esto se repite varias veces. Ya me tomé todo el té y quiero irme, desasida. Ya me voy, papá. Lo digo de cerca al espejo, para que me escuche: tanto, que mis labios empañan la superficie. Minotauro mueve la cabeza hasta clavarme los ojos nebulosos, y sucede algo inédito: se levanta de la silla, desesperado. Se da contra el marco de la puerta, retrocede, llora, me dice no, quédate, háblame, quédate. Siento de ese miedo eléctrico, medular. Corro hacia la puerta, mis zapatitos suenan: nos encontramos, sin espejos, él hecho un puñado de nervios informes y heridos, pegados como telaraña sobre la única salida. No me quedo acá, no me quedo acá, repito, contenida. Llora, se crispa sobre sí mismo, me odia. Me tapo los oídos: sus sonidos son terribles. Me encuentra con el único ojo nebuloso que puedo identificar, se quiebra. Veo sus huesos cayendo agudamente al piso, sus frágiles huesos de vidrio.
Los momentos que decimos inolvidables son convertidos en pasado inexorable apenas su estatus es declarado. La voluntad que declara inolvidable un momento lo preserva, como recuerdo, del riesgo al que la normalidad y la regularidad lo exponen. Y esa preservación funciona como un flotador para esa noche en que das todo por perdido, en que ni el sueño te alcanza para cauterizar heridas que crecen y colonizan. Pero ese salvavidas, guardado tanto tiempo, tiene fisuras o el tiempo lo ha convertido en contraste puro. Al final, los momentos inolvidables son el terror, te paralizarán. Por eso hay que saber nadar.
Vía sunrecords
algún día te diré “no sabes cuantas veces me masturbé pensando en esto” (pensando en ti)
The Mermaid (1910)
Oil on canvas, by Howard Pyle
“Delaware Art Museum, Gift of the children of Howard Pyle in memory of their mother, Anne Poole Pyle, 1940
Beneath the deepening sky and rising moon, the juncture of opposing forces anchors this work: land vs. water - human vs. mermaid - strong vs. weak. The mythic mermaid rises from the briny foam and rescues a shipwrecked man who was descending into the deep.
When Howard Pyle set off on his extended European travels in November 1910, The Mermaid was still on the easel in his studio, unfinished. Despite the later addition of fish and a crab by Pyle’s student Frank Schoonover, what we see today is incomplete, and Pyle’s intentions for this work remain unknown.”
Via Wikipedia
Thank you, exclamationmark
(via blackmedic)
Voy a intentar relatar un sueño que tuvo mi amigo Javier Crocek. En el sueño estaba con su nueva novia, una chica rubia ceniza como la novia inalcanzable de Ray Lóriga, buena para reirse y para no tomarse nada muy en serio. Estaban caminando por el el persa Bío Bío, casi terminaba el invierno y tenían en sus manos varias cajas de cartón (larga historia).
-¿Te gusta cómo escribo? -le pregunta la novia, que llamaremos Julia.
-Me gusta, claro que me gusta. Tienes garra, tienes estilo. Vas a llegar muy lejos, Capote girl.
-Hueón pesao, no te burles. Te estás portando como un cerdito machista de los años sesenta.
-I wish i was the sixties / i wish I could be happy
(En el sueño el mundo era imperfecto, los vendedores se reían, se rascaban la guata y se hacían levemente borrosos, pero lo más irreal era la rapidez de los diálogos).
-Eso es de Radiohead, no?
-Yep.
-Ni ni ni -hace Julia poniéndose los dedos como lagrimitas en los ojos.
-Ni ni ni -hace Javier con voz de gil (o sea, haciendo voz de gil)-. Te burlas de todo, zorrita.
-Aquí viene el hombre ofendido. Mejor sujeta esta caja que se me está cayendo. Javier…
-Qué.
-Te voy a preguntar algo. ¿Tú tienes claro que escribir te hace mal?
-Escribiendo es como pagamos la mitad de los gastos, ¿no?
-No po, no digo escribir para el diario. Digo escribir, imaginar cosas. Cosas que no pasaron.
-Toda ficción es…
-Bueno, cosas que sí pasaron *de alguna manera*. Tú sabes que te hace mal. Siempre lo dices.
-Sí… o sea, que sería mejor no escribir. No saber escribir. Usar el lenguaje pragmáticamente, no como un vicio y como una jaula y como masturbación.
-Sí, eso es lo que dices siempre… pero ahora te salió bonito.
-Gracias. Oye, sí me gusta lo que tú escribes.
-¿Quién es más escritor de nosotros, tú o yo?
-Eeeh….
-Responde rápido.
(Pausa: en ese momento el rostro de Julia se difumina un poco, parece perder realidad, pero al mismo tiempo Javier siente, como si no fuera un sueño, la voluntad extraña y salvaje de su novia imaginaria, e incluso puede adivinar de qué parte de sus recuerdos de la vida real ha surgido ella, inventada, rubia, con una peca clara junto a la nariz).
-Tú.
-Yo.
-¿Eso es lo que me querías preguntar? -dice Javier, esquivando a un vendedor de papas fritas, pensando que el sueño que era algo amable (o tenía toda la intención de serlo) está adquiriendo levemente tintes melodramáticos, quizás trágicos. Pero nunca tanto. -Tú, tú, tú. Tú eres la escritora, y yo sólo redacto para que podamos comer.
-Esa no era la pregunta -se detiene, y su chasquilla cae sobre sus ojos, repentinamente arrojando una leve sombra en ellos, aunque brilla el sol. Espera. El sol no brilla.
Javier se detiene y se da vuelta. Está a tres pasos de ella. Sabe que la distancia es un simulacro, pero intuye que los simulacros son tenazmente reales, aunque duren cinco segundos. Ella está a tres pasos y está a punto de decir algo.
-¿Cuál era la pregunta?
Julia levanta la cabeza, y sin sonreír ni ponerse seria, dice:
-Esta: ¿Tú dejarías de escribir para siempre si yo te lo pido?
-…
-Eso es: ¿Abandonarías para siempre tu idea de ser poeta si yo te lo pido?
G Medrano.
2007