Amando los marcadores de página rojos.

Amando los marcadores de página rojos.

Recobrar la historia, o la herstory, significa resistirse a dos poderosas presiones de la cultura americana de hoy - y, sospecho, de la cultura que están creando globalmente imperios multinacionales de la alta tecnología. Son presiones muy similares y, sin embargo, no son la misma. Una es el imperativo para asimilarse; la otra, la idea de que socialmente una persona puede «nacer dos veces». En su búsqueda de un nivel de vida de clase media, cada oleada de inmigrantes no anglosajones se ha visto perseguida por la presión para asimilarse. Al construir un ideal de americanización e igualarlo con virtud, progresismo, decencia y valía, el imperativo de la asimilación ha garantizado también a aquellos y aquellas menos capaces de asimilarse –con frecuencia por su color de piel o género, pero también por su etnia o religión –se les asigne el papel del Otro, sentenciados a vivir bajo leyes distintas, tratados como víctimas de una biología inferior. La presión para asimilarse dice cosas distintas a personas distintas: cámbiate el nombre, el acento, la nariz; alisa o tíñete el pelo; no salgas del armario; simula que los Peregrinos fueron tus padres; bautízate como cristiano; lleva peligrosos tacones altos, muérete de hambre para parecer joven, delgada y femenina; no gesticules con las manos; valora la elite de la cultura europea por encima de ninguna otra; ríete de las bromas sobre tu propia gente; no crees problemas; sométete a los hombres blancos; sonríe cuando ellos te saquen una foto; averguénzate de quién eres. Asimilarse significa renunciar no sólo a tu historia, sino a tu cuerpo, tratar de adoptar una apariencia distinta porque la tuya propia no es lo suficientemente buena, tener miedo a dar tu  nombre por temor a que ese nombre se convierta en epíteto. A través de este imperativo, a aquellos y aquellas que pueden adaptarse se les burla la oportunidad de definirse a sí mismos y de establecer alianzas fortalecedores y mutuamente respetuosas con otras personas que se definen a sí mismas. Se quedan sin anclas cuando se levantan las tormentas, ignorantes de su herencia.

De Sangre, Pan y Poesía – Adrienne Rich

 La Delirio chiquitita. Ñac.

 La Delirio chiquitita. Ñac.

cuadernoesclavo: “He closed his eyes and tried to see her. Her and others like her kind, wolves and ghosts of wolves running in the whiteness of that high world as perfect to their use as if their counsel had been sought in the devising of it.” Cormac McCarthy, The Crossing. p.31.

cuadernoesclavo: “He closed his eyes and tried to see her. Her and others like her kind, wolves and ghosts of wolves running in the whiteness of that high world as perfect to their use as if their counsel had been sought in the devising of it.” Cormac McCarthy, The Crossing. p.31.

258 notes

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Ese mundo invertido

donde la izquierda es siempre la derecha

donde las sombras son en realidad el cuerpo

donde estamos despiertos toda la noche,

donde el cielo es tan llano como el mar

es ahora profundo, y tú me amas

Elizabeth Bishop

Y así con Kafka el poeta beatnik.

Y así con Kafka el poeta beatnik.

ilikeoldthings: Maude Fealy, beauty!!!

ilikeoldthings: Maude Fealy, beauty!!!

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  • C: de otra forma morire...?
  • M: jajaja estamos muertos. estamos muertos. inevitable y tristemente muertos. y lo que sigue de la cantaleta
  • C: muertos? nah. podemos estar ebrios. pero no muertos. ebrios y cachondos. esa es la cantinela.
  • M: la tremenda frase, charlitossssssssssss
  • C: la frasecita, cantadita francesita.

Electroshock y la locura.
El día y la hora. El día y la hora.
kazukij: traveling with the ghost

Electroshock y la locura.

El día y la hora. El día y la hora.

kazukij: traveling with the ghost

2 notes

Una vez me dijiste que teniai tres desesos sin orden de importancia: uno era tener un piano de cola, otro encontrar el amor de tu vida y el que yo sea feliz.  Y hay pocas cosas más bonitas que tus tres deseos juntos se hagan o no realidad.
Y una vez, otra, en que hablamos hasta las ocho de la mañana tirados en mi cama dijimos que algún día encontraríamos los laberintos subterráneos de los Hopi entre otras cosas de trascendental importancia y aunque nos hemos perdido un poco en los laberintos sin encontrarlos todavía y aunque estamos lejos de ser perfectos en torno a este uno más uno: la bomba, que somos el tú y el yo, todavía quiero tener un hijo contigo a los cuarenta y que lo cuides y le enseñes a ser todo lo genial que puedas. Mientas, probablemente, yo estaré recorriendo el mundo al lado de la reencarnación de María Magdalena que tendrá la gracia y estilo de Marilyn Monroe juntado los cincuenta millones, en circunstancias de dudosa moralidad, para comprarte el piano de cola.
 Eris una parte de mi corazoncito, Hojuelito. Feliz Cumpleaños.

Una vez me dijiste que teniai tres desesos sin orden de importancia: uno era tener un piano de cola, otro encontrar el amor de tu vida y el que yo sea feliz.  Y hay pocas cosas más bonitas que tus tres deseos juntos se hagan o no realidad.

Y una vez, otra, en que hablamos hasta las ocho de la mañana tirados en mi cama dijimos que algún día encontraríamos los laberintos subterráneos de los Hopi entre otras cosas de trascendental importancia y aunque nos hemos perdido un poco en los laberintos sin encontrarlos todavía y aunque estamos lejos de ser perfectos en torno a este uno más uno: la bomba, que somos el tú y el yo, todavía quiero tener un hijo contigo a los cuarenta y que lo cuides y le enseñes a ser todo lo genial que puedas. Mientas, probablemente, yo estaré recorriendo el mundo al lado de la reencarnación de María Magdalena que tendrá la gracia y estilo de Marilyn Monroe juntado los cincuenta millones, en circunstancias de dudosa moralidad, para comprarte el piano de cola.

 Eris una parte de mi corazoncito, Hojuelito. Feliz Cumpleaños.

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-via garconniere:definatalie lacontessa: Picking strawberries in the Redlands - uploaded by State Library of Queensland, Australia

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lacontessa: A Soldier’s goodbye and Bobbie the cat, 1939, by Sam Hood, Sydney.

(via)

lacontessa: A Soldier’s goodbye and Bobbie the cat, 1939, by Sam Hood, Sydney.

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