Sueño 74

Voy a intentar relatar un sueño que tuvo mi amigo Javier Crocek. En el sueño estaba con su nueva novia, una chica rubia ceniza como la novia inalcanzable de Ray Lóriga, buena para reirse y para no tomarse nada muy en serio. Estaban caminando por el el persa Bío Bío, casi terminaba el invierno y tenían en sus manos varias cajas de cartón (larga historia).
-¿Te gusta cómo escribo? -le pregunta la novia, que llamaremos Julia.
-Me gusta, claro que me gusta. Tienes garra, tienes estilo. Vas a llegar muy lejos, Capote girl.
-Hueón pesao, no te burles. Te estás portando como un cerdito machista de los años sesenta.
-I wish i was the sixties / i wish I could be happy
(En el sueño el mundo era imperfecto, los vendedores se reían, se rascaban la guata y se hacían levemente borrosos, pero lo más irreal era la rapidez de los diálogos).
-Eso es de Radiohead, no?
-Yep.
-Ni ni ni -hace Julia poniéndose los dedos como lagrimitas en los ojos.
-Ni ni ni -hace Javier con voz de gil (o sea, haciendo voz de gil)-. Te burlas de todo, zorrita.
-Aquí viene el hombre ofendido. Mejor sujeta esta caja que se me está cayendo. Javier…
-Qué.
-Te voy a preguntar algo. ¿Tú tienes claro que escribir te hace mal?
-Escribiendo es como pagamos la mitad de los gastos, ¿no?
-No po, no digo escribir para el diario. Digo escribir, imaginar cosas. Cosas que no pasaron.
-Toda ficción es…
-Bueno, cosas que sí pasaron *de alguna manera*. Tú sabes que te hace mal. Siempre lo dices.
-Sí… o sea, que sería mejor no escribir. No saber escribir. Usar el lenguaje pragmáticamente, no como un vicio y como una jaula y como masturbación.
-Sí, eso es lo que dices siempre… pero ahora te salió bonito.
-Gracias. Oye, sí me gusta lo que tú escribes.
-¿Quién es más escritor de nosotros, tú o yo?
-Eeeh….
-Responde rápido.
(Pausa: en ese momento el rostro de Julia se difumina un poco, parece perder realidad, pero al mismo tiempo Javier siente, como si no fuera un sueño, la voluntad extraña y salvaje de su novia imaginaria, e incluso puede adivinar de qué parte de sus recuerdos de la vida real ha surgido ella, inventada, rubia, con una peca clara junto a la nariz).
-Tú.
-Yo.
-¿Eso es lo que me querías preguntar? -dice Javier, esquivando a un vendedor de papas fritas, pensando que el sueño que era algo amable (o tenía toda la intención de serlo) está adquiriendo levemente tintes melodramáticos, quizás trágicos. Pero nunca tanto. -Tú, tú, tú. Tú eres la escritora, y yo sólo redacto para que podamos comer.
-Esa no era la pregunta -se detiene, y su chasquilla cae sobre sus ojos, repentinamente arrojando una leve sombra en ellos, aunque brilla el sol. Espera. El sol no brilla.
Javier se detiene y se da vuelta. Está a tres pasos de ella. Sabe que la distancia es un simulacro, pero intuye que los simulacros son tenazmente reales, aunque duren cinco segundos. Ella está a tres pasos y está a punto de decir algo.
-¿Cuál era la pregunta?
Julia levanta la cabeza, y sin sonreír ni ponerse seria, dice:
-Esta: ¿Tú dejarías de escribir para siempre si yo te lo pido?
-…
-Eso es: ¿Abandonarías para siempre tu idea de ser poeta si yo te lo pido?

G Medrano.

2007

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  1. alondrie posted this